Distintos - por Mariano Fernandez Para la generación que durante gran parte de la Primaria y la Secundaria disfrutó de los lunes invictos de los clásicos de Avellaneda pero con el dolor de no saber lo que se sentía ser campeón -los que hoy están en los 30 y pico- seguramente que el primer semestre de 2008 habrá sido el más caótico y doloroso de la historia del Racing Club de Avellaneda.
En enero de ese año, el marketing de la empresa que comandaba autoritariamente los destinos de la entidad pasó del proyecto “R3” que incluía a “Mostaza” Merlo y refuerzos de aceptable categoría a lo que denominaron para los medios “Proyecto Lanús” pero que para los que en principio fueron “50 forajidos” y el 26 de febrero miles de hinchas, era “desinversión y fuga dejando un tendal”. El Clausura 2008 tenía a Miguel Micó como entrenador, un grupo de juveniles que ganó el Mundial Sub 20 meses antes y a referentes como Campagnuolo, Bastía y Sava en el campo de juego.
Al término del torneo que ganara Ramón Cabrero como DT en el “Granate”, con un jovencito a quien todos destacaban como ayudante de campo llamado Luis Zubeldía, la campaña de Racing se cerró con 25 puntos y el promedio del descenso debía mirarse de reojo pero sin preocupación ya que debajo de los que serían de Micó estaban Colón, Gimnasia de Jujuy, Newell's, Rosario Central, Olimpo y San Martín de San Juan aunque de los de la “Lepra” -en puesto de Promoción- la “Academia” se encontraba a cuatro puntos.
El “Proyecto Lanús” se desmoronó en pocas fechas. Racing ganó su primer partido recién en la décima fecha -a Arsenal- con un milagroso tiro libre de Franco Sosa. Después, una derrota en la Bombonera ante juveniles de Boca y la despedida de De Tomaso con la frase más errada que pudo haber pronunciado: “Mientras yo sea presidente de Racing, a Racing nadie le va a tocar el culo”. En esa oración, hay al menos dos errores muy comprobables.
Y De Tomaso, que próximamente deberá enfrentar un juicio oral por su paso por Racing, se fue. Y el club estaba acéfalo, sin una Comisión Directiva y con fallos arbitrales sospechosamente desfavorables. Y ahí apareció la gente de Racing.
Marchas a la AFA, petitorios, campañas desde los medios, banderazos... A Racing lo comandaba su gente y el puñado de veteranos que mencionamos. Nunca desde la tribuna nos dimos por descendidos. Nunca creímos en nuestra derrota. Hasta el momento en que Martínez Gullota -tercer arquero que se hizo titular por razones de fuerza mayor- va a cabecear buscando el gol del triunfo para evitar la Promoción ante Colón, la esperanza estaba intacta. Pese a que todo y todos querían ver caer una vez más a Racing, todos estábamos espalda con espalda luchando contra la horda de enemigos. Caímos. Jugamos la reválida. Fuimos a Córdoba. Reventamos el Cilindro. Nos salvamos.
“En cualquier tarea se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados”, dice Marcelo Bielsa. Y a Racing casi que ni se le pasó por la cabeza en ese momento crítico apuntar a un salvataje ajeno a lo que pudieran dar los once futbolistas en el campo de juego. Primero porque sabemos que no nos iban a ayudar y segundo porque creíamos todos en salvarnos como le corresponde a un grande.
¿Alguno pensó en dejar a Racing? ¿Alguno pensó en abandonar aunque el resultado fuera adverso? Absolutamente nadie. Sorprende entonces lo abatidos que se encuentran quienes no tienen la costumbre de pelear contra la adversidad. Da pena ver cómo la toalla parece que fue arrojada cuando aún quedan rounds por pelear. Cuando terminamos de disfrutar deportivamente y respetuosamente del mal momento del rival de siempre, pensamos entonces... ¡Qué distintos somos!
Juan Carlos Crespo -que Dios lo tenga en el Cielo de los grandes dirigentes de Racing junto a Don Santiago- produjo en 1993 un filme que fue fundacional del policial moderno de la pantalla grande argentina. “Perdido por perdido” se llamaba. Y narraba las desventuras de un trabajador de clase media que endeudado debía incurrir en un ilícito para cumplir con sus obligaciones casi impagables por la hiperinflación. Con genial actuación de Ricardo Darín, el protagonista en un momento le dice a quien lo amenaza de muerte una frase categórica: “la diferencia entre nosotros es que yo sé perder”. El amedrentador se convirtió en amedrentado y el damnificado tuvo su final feliz.
Benditas sean las derrotas que demostraron que ante la adversidad, la familia racinguista deja de lado sus diferencias y se abroquela para sostener a sus hombres. Benditas sean las derrotas que tallaron con sangre nuestra pasión. Benditas sean las derrotas porque sabemos que después de caer algún día nos levantaremos. Bendito seas Racing Club de Avellaneda por la dignidad que tienen los hijos del Creador que cargan la cruz albiceleste y no como la descendencia del Diablo que ya se bajó en la primera estación.
Tuviste un padre sobreprotector que te tuvo de la mano muchos años. No te dejaron salir a jugar a la vereda, no sabés lo que es un chichón por darte contra una pared, no sabés lo que es correr después de tocar el timbre, no sabés lo que es escaparte de la vecina que no quiere que le jueguen en la vereda. No dejaron que te des esos golpes que te hacen crecer. Estimado vecino, quizás con este histórico porrazo, podés empezar a crecer. Nosotros ya lo padecimos. Ya quemamos las etapas que quemaste. Ya nos dieron la llave de casa y los pantalones largos. Somos distintos. Vos sos un chico y nosotros somos grandes.
Por Mariano Fernandez Para www.racingfilialespanya.com
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