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El clásico de los miedos - Román Iucht, en La Nacion
20.Feb.2009
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Racing llega con dificultades evidentes. El rendimiento en el comienzo del campeonato no es el esperado y la convivencia entre el cuerpo técnico y los jugadores presenta algunos roces propios del desgaste de una relación repleta de tropiezos, que ni el propio Juan Manuel Llop ha podido disimular.
Independiente es un alma en pena. Sin patrón de juego ni sin rebeldía anímica, el inicio del torneo lo deja mal parado y no parece haber crédito para Claudio Borghi.



Éste detalle de la mención del "bichi" es el único por el que uno podría descubrir que el análisis del clásico de Avellaneda refería al choque del pasado Apertura. Es que con ligeras diferencias coyunturales si tuviéramos que usar nombres propios, el presente de ambos equipos está tristemente emparentado con aquél que jugaron hace solo seis meses y aunque aquella vez el empate de Franco Sosa puso justicia en el resultado y dicho encuentro mostró un atisbo de recuperación de la Academia, ninguno de los dos pudo cambiar un destino que ambos se encargaron de escribir con un sinfín de desprolijidades.
Sin ánimos apocalípticos, pero tampoco haciendo apología de la ingenuidad, de lo que muestre la chapa el sábado, cuando Baldassi pite el final del juego, dependerá el futuro de ambos entrenadores. Como nunca un derby de Avellaneda plebiscitará el trabajo de los técnicos. Como siempre la cadena se romperá en el eslabón más frecuente y el hilo se cortará por lo más delgado.



Racing está para el diván. En un fútbol tan parejo e irregular como el de hoy, comenzar ganando un partido es un detalle que cotiza en Bolsa. Sin embargo, la Academia tiene experiencia en eso de quemar todos los libros y ahora lo hizo de nuevo. Los inicios con gritos prematuros ante Huracán y Lanús lejos de dejarlo a salvo de cualquier dificultad, generaron reacciones de los rivales que evidenciaron todos sus problemas y que lo dejaron con las manos vacías. Fragilidad defensiva, imprecisión en el medio y liviandad en ataque son solo algunos de los datos a consignar en un conjunto que perdió la gambeta y la explosión de Maxi Moralez y hasta ahora no supo como reemplazarla.



Independiente no está mucho mejor. Las mismas carencias del año pasado se alimentan en éste momento. Santoro no ha podido revertir la imagen de un equipo frío, sin alma ni idea clara de juego. Solo la impericia de López desde los doce pasos le permitió al menos sumar un punto ante Vélez, ya que el olfato goleador del chileno Canío le dio tres cachetazos en Tucumán y lo dejó groggy tambaleando sobre las cuerdas. Para colmo, igual que para sus vecinos la nostalgia es una daga filosa que se le clava a todos sus hinchas. La gente de Puma nuevo proveedor de la indumentaria roja, tuvo la gran idea de colocar en el pecho de los jugadores a modo de homenaje, el nombre de viejas glorias de la institución y su creatividad no hizo más que invitar a las comparaciones y arrancarles una lágrima a los parciales del rojo.



Como datos de color que en realidad producen calor, el clásico de Avellaneda se jugará en Parque de los Patricios como consecuencia de que las asfixias económicas del "Diablo" siguen dilatando las obras de su estadio y sus primos antiguos locatarios de su cancha, elevaron escandalosamente el valor del alquiler, encontrando una excusa perfecta y por cierto poco integradora en tiempos de violencia, para no seguir arrendando su terreno al rival de toda la vida.
Co mil trescientos policias afectados al operativo, lo cual da la triste cifra de algo así como uno cada treinta hinchas si calculamos cerca de cuarenta mil en el Ducó, y con la presencia de la barra de Independiente que de manera inexplicable se alojó en Tucumán en el mismo hotel de los jugadores, "apretándolos" luego de la derrota, el partido se presenta ideal para los amantes del morbo. Es que si bien la noticia existe y da cuenta de que la derrota eyectará al entrenador correspondiente, todo está dado para que las páginas amarillas dominen la escena.



De cualquier manera y más allá de las posibles cargadas de turno en el caso de vencedores y vencidos, ninguno está como para pasearse orondo por el barrio. Si bien y como dice el refrán "siempre hay un roto para un descocido" en éste caso los dos andan revolviendo en los canastos de saldos y retazos y el suyo es un fútbol de segunda selección. La pasión pondrá el partido por todo lo alto y por un rato olvidarán sus presentes empobrecidos. Hasta que la realidad vuelva a golpearlos y recuerden aquello de que se puede engañar a algunos todo el tiempo, se puede engañar a todos algún tiempo, pero es imposible engañar a todos todo el tiempo.


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Saludos,
Germán.-
www.racingfilialespanya.com