De fiesta: Racing tuvo los primeros réditos después de la gran inversión - De La Nación
31.Jan.2010 |
 | Se bendice la ganancia que dejó la inversión como en una inmensa bolsa de comercio. La mente vuela. Se grita. Hay gente afiebrada que se abraza y agita sus acciones. También se ven papeles por el piso. Son miles y llaman la atención: todos celestes y blancos. A la par se sacan tantas cuentas como si de verdad estuviese en juego el negocio más jugoso y no un angustiante promedio. Es Racing, su cuerpo y alma, que se regocija con la presentación en el Clausura. Allí se distingue a la Academia, en medio de la ebullición, que aclama el buen comienzo de sus tres refuerzos: Bieler, Hauche y Licht. En ellos está buena parte de la explicación de la victoria contra Rosario Central por 3-0.
Uno, Bieler, se despidió de Ecuador, donde guió con sus goles a Liga Deportiva Univeristaria. Otro, Licht, volvió de Getafe, de España, después de tres años y medio de una enriquecedora experiencia europea. El que queda, Hauche, pegó el salto desde Argentinos, en el que hechizó con quiebres y gambetas. Hasta que una noche se pusieron la camiseta de Racing todos a la vez... y, junto con el corazón de Lugüercio, despertaron añejas sonrisas y borraron el rictus gruñón de los más exigentes.
Se advierten grandes señales incluso fuera de la cancha, a la distancia. "Racing dueño de su camiseta", se lee en un cartel gigante en el viejo Puente Pueyrredón. Después, la leyenda también se verá sobre el techo del banco de suplentes visitante del Cilindro. Mitad arenga, mitad publicidad de uno de los sponsors de la Academia, cada gesto le apunta a la reacción y a la valentía. El sentimiento es compartido por 35.000 personas que saltan, cantan y bailan mucho antes del partido. Hay algo por el ruidoso ambiente de Avellaneda...
La fiesta tardó en armarse por el aplomo de Central. Otra habría sido la suerte de los rosarinos si al buen manejo de Núñez y Astudillo le hubiesen agregado algo más de potencia ofensiva. Los visitantes se impusieron en los primeros momentos con un toque corto y certero que desequilibró a la defensa del equipo de Avellaneda, que, curiosamente, tuvo varios aciertos en la ofensiva. Fue como si a Racing le hubiese costado levantar temperatura, pese al calor envolvente del estadio. Le costó, también, encontrar sus momentos. Sin un organizador de juego, aunque con mediocampistas ágiles, y con tres delanteros veloces y punzantes, la Academia parece mejor ensamblado para los contraataques que para un dominio sostenido de terreno y pelota. Pero esa será otra historia y se verá con el transcurso del torneo.
Racing se soltó con la apertura: un pase largo de Bieler para Lugüercio, un enganche y un remate que pegó en Burdisso y descolocó a Galíndez. Central, que se había acercado con una incursión de Gómez que salvó Licht y con un intento de De León que neutralizó De Olivera, se cayó a partir de entonces. Ni que hablar cuando, cuatro minutos después, a los 42 del primer tiempo, Cahais peinó un centro desde la derecha y Martínez cabeceó al gol.
El vencedor ganó en aplomo y cerró los caminos defensivos. A Central no le quedó más que una volea desde lejos de Núñez bien resuelta por De Olivera. Con la explosión de los atacantes, llegó lo previsible: Burdisso perdió en una salida y se escapó Hauche; una corrida, varios amagos y un centro que encontró a Bieler en el lugar justo.
Racing se sintió tantas veces en la ruina, sin una moneda, que una mínima ganancia parece dejarlo con los bolsillos desbordantes. No se inquieta por la plata gastada. Al contrario.
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